sábado, 6 de agosto de 2011

Pasando la prueba de la fe

Dios desea que seamos perfectos y completos, que no nos falte nada, en el camino de cuando nuestra fe es probada.

La pregunta natural es: "¿Qué se necesita para tener éxito cuando venga la prueba?" Hay dos fuerzas que cooperan y que debemos utilizar en nuestra prueba. Santiago 1:4-5 nos muestra las dos fuerzas,

Mas tenga la paciencia su obra completa,  para que seáis perfectos y cabales,  sin que os falte cosa alguna.
Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría,  pídala a Dios,  el cual da a todos abundantemente y sin reproche,  y le será dada.


La primera fuerza es la paciencia. El punto de Santiago es, "No pares, antes de que la respuesta venga. Mantente con paciencia durante toda la prueba, para que sea perfecto y completa, sin carecer de nada. "

Hebreos 10:36, dice que de esta manera,
 
porque os es necesaria la paciencia,  para que habiendo hecho la voluntad de Dios,  obtengáis la promesa.

Tú y yo en realidad debemos hacer la voluntad de Dios, hacer lo que Dios quiere que hagamos, pero si no lo hacemos el ejercicio de resistencia, no vamos a recibir la promesa. Esa es la importancia de la paciencia.

La segunda fuerza la cooperación en el trabajo para pasar la prueba de vuestra fe es la sabiduría. Si le falta sabiduría, si usted no puede ver el bosque por los árboles en medio de la prueba, puede pedirle a Dios y Él te lo dará ...abundantemente y sin reproche.

Dios se deleita cuando se pregunta por la sabiduría. Y no le menosprecia o le critica a usted por preguntar.

Así que si usted encuentra su fe en juicio, si usted está siendo puesto a prueba, pida a Dios sabiduría y soporte con paciencia. Sin estas dos fuerzas, que nunca se alcanza la victoria!

¿Qué es la iglesia?

Muchas personas, aún entre los cristianos, tienen ideas erróneas acerca de lo que significa la palabra iglesia.
Para algunos, es un sinónimo de edificio. Pero en las Sagradas Escrituras, iglesia y congregación se refieren exclusivamente a personas, nunca a un edificio. La iglesia está compuesta por personas que han sido llamadas y elegidas por Dios para seguir a Jesucristo. Colectivamente, a este grupo de personas se le llama “el cuerpo de Cristo”(1 Corintios 12:27;
Efesios 4:12). Es un cuerpo de creyentes espiritualmente transformados, sin importar el lugar
de su residencia o la organización o grupo religioso a que pertenecen.
El Diccionario bíblico de Holman explica lo siguiente acerca de este término:“Iglesia es la
traducción de la palabra griega ekklesía. El uso del término griego antes del surgimiento
de la iglesia cristiana es muy importante porque nos muestra por lo menos dos aplicaciones
que se le habían dado en la historia a este vocablo y cómo se utiliza en el Nuevo Testamento
el concepto de iglesia.
“Primero, el término griego significa básicamente ‘los llamados’; comúnmente se utilizaba
para designar una asamblea de ciudadanos en una ciudad griega, y así se emplea
en Hechos 19:32, 39. Los ciudadanos, conscientes de la posición de privilegio que tenían
por encima de los esclavos y los que no eran ciudadanos, eran llamados a una asamblea
por un heraldo y discutían . . . asuntos de mutuo interés. Cuando los cristianos primitivos
entendieron que ellos eran una iglesia, sin lugar a dudas se vieron a sí mismos como los llamados por Dios en Jesucristo con un propósito especial y que tenían una posición privilegiada en Jesucristo (Efesios 2:19).
“Segundo, el término griego también aparece más de cien veces en la traducción griega
del Antiguo Testamento que era muy común en la época de Jesús. La palabra hebrea
(qahal) simplemente significa ‘asamblea’ y puede utilizarse de muchas formas; por ejemplo,
para referirse a una asamblea de profetas (1 Samuel 19:20) . . . o al pueblo de Dios
(Deuteronomio 9:10). El uso de esta palabra en el Antiguo Testamento para referirse al
pueblo de Dios nos ayuda a entender el término iglesia en el Nuevo Testamento.
“Los primeros cristianos eran judíos que estaban acostumbrados a la versión griega del
Antiguo Testamento. El hecho de que ellos utilizaran una palabra que en el Antiguo Testamento se empleaba para designar al pueblo de Dios, nos demuestra que entendían la continuidad que existe entre el Antiguo Testamento y el Nuevo. Los cristianos primitivos,
tanto judíos como gentiles, se veían a sí mismos como el pueblo del Dios que se había revelado en el Antiguo Testamento (Hebreos 1:1-2), como los verdaderos hijos de Israel
(Romanos 2:28-29) con Abraham como padre (Romanos 4:1-25), y como el pueblo del nuevo
pacto que había sido profetizado en el Antiguo Testamento (Hebreos 8:1-13).
“Como consecuencia de la gran amplitud de significado, tanto en el mundo griego
como en el del Antiguo Testamento, el término iglesia se utiliza en el Nuevo Testamento
para designar una congregación local de cristianos, tal como sucede en ‘la iglesia de Dios
que está en Corinto’ (1 Corintios 1:2), y también para referirse a la totalidad del pueblo de
Dios, como por ejemplo en Efesios 1:22-23, en donde se dice que él ha dado a Cristo ‘por
cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo’ (Efesios 1:22-23)”.

Devocional: El que siembra, cosecha

No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Gálatas 6:7
Camina avergonzado, con las manos dentro del bolsillo de la casaca de jean, usada y maloliente. Los ojos, circundados por grotescas ojeras, y el cabello desordenado reflejan su espíritu abatido. Mientras se pierde, en medio de la multitud del centro de San Pablo, repite una y otra vez, como si quisiese castigarse con las palabras: “Lo mereciste; lo mereciste. Cosechaste lo que plantaste”. Acaba de salir de la prisión, donde estuvo detenido tres días, por potación de cocaína.
Tres días es poco; hay gente que pasa años, en la prisión, por un acto de locura. Hay, también, personas que pagan con su vida las consecuencias de su conducta torcida.
Duele. Puede doler. Duele terriblemente. Pero, la cosecha siempre es pro­porcional a la siembra: “Siembra vientos y cosecharás tempestades”, afirma el refrán popular. La Biblia advertía lo mismo, desde hace más de dos mil años.
Por inspiración divina, Pablo avisó a los cristianos de Galacia: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Eran tiempos difíciles; el ci­nismo espiritual parecía oscurecer la transparencia del cristianismo sencillo. Hombres jactanciosos escondían su orgullo espiritual tras la capa de cris­tianos sinceros. Y hacían mucho mal a la iglesia. Desanimaban a los nuevos conversos, y los atribulaban con una montaña de obligaciones innecesarias.
Pablo dijo a esas personas que, aunque en el presente nadie podía juzgar sus propósitos, Dios lo sabía todo y les otorgaría, a su debido tiempo, la co­secha natural de su terquedad espiritual.
Pero, el consejo del apóstol sirve, también, para la cotidianeidad del ser humano que busca la felicidad: la cosecha de tristezas y de dolores es el re­sultado de la siembra de los mismos hechos… con dividendos.
Pero, si plantas actos de amor, Dios permitirá que la vida te recompense en abundancia; porque la cosecha es proporcional a la siembra. Para bien o para mal. Siempre. No hay cómo escapar de esta realidad.
Hoy es un nuevo día de siembra. Al salir de casa para enfrentar las tareas de este día, verás delante de ti la tierra, dispuesta a recibir la semilla. ¿Qué plantarás?
Que Dios ilumine tu vida. Que tu vida y tus actos sean una semilla de amor. Porque “no os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.